¿Y si la salida de la crisis fuera, de nuevo, en falso?

En los últimos meses somos muchos los que hemos señalado una mejora de las variables macroeconómicas. Los datos más recientes vienen confirmando una evolución menos negativa para economía española. Aunque todavía estamos lejos de los crecimientos de actividad y empleo que nos permitan crear empleo, sin duda, la tendencia ha cambiado y durante los próximos trimestres podríamos ver mejores datos que los estimados hace pocos meses.

Sin embargo, los condicionantes estructurales, por su parte, siguen siendo muy similares. Además, las mejoras coyunturales se ven afectadas por una serie de riesgos que no han desaparecido. En conjunto, existe la posibilidad de que la recuperación no sea tan fuerte y sostenida como desearíamos y que alguno de los riesgos y desequilibrios subyacentes se materialicen, lo que nos llevaría a una nueva desaceleración.

En primer lugar debemos recordar que no se ha acabado de corregir los desequilibrios acumulados durante la crisis. Algunos de los más relevantes son el déficit y la deuda pública, la elevada tasa paro, el desgaste de la actividad empresarial y las dificultades de financiación. La mejora macro puede ayudar a corregir algunas variables, endeudamiento, morosidad, etc pero los elementos subyacentes siguen estando presentes y se necesitarán muchos años para su corrección; por ejemplo, a nadie se le escapa que la tasa de paro no volverá a los niveles anteriores a la crisis en un futuro próximo.

Por otra parte los desequilibrios estructurales acumulados  durante el periodo de expansión anterior todavía están pendientes de corrección cómo puede ser el endeudamiento externo, la dependencia energética o los costes y estructura de la administración pública. Nuevas actuaciones de política económica son necesarias en estos aspectos para incrementar el crecimiento a largo plazo.

En el ámbito externo, las incertidumbres persistentes en los países emergentes, especialmente en aquellos que se confiaba en crecimientos elevados son cada vez realidades más evidentes que reducirán el crecimiento global. El surgimiento en Europa de partidos políticos en contra de los consensos alcanzados durante los últimos años y la resistencia de los países líderes a avances más rápidos puede paralizar la expansión incipiente. Por su parte, la falta de acuerdos en los foros internacionales con desengaños sonados como los de la Organización Mundial de Comercio o el G20, no aportarán estímulos positivos adicionales. Finalmente, dado el papel de EEUU en el contexto mundial, deberemos estar muy pendientes a cómo se retiran los estímulos monetarios y a los acuerdos en lo relativo al bloqueo presupuestario y techo de gasto.

En definitiva, la probabilidad no nula de una recaída debería hacernos profundizar en la corrección de los desequilibrios y en el desarrollo de nuevas políticas económicas impulsoras del crecimiento. Todos estos factores están siendo minusvalorados en el inicio de la recuperación lo que es una muestra de la visión miope y sin matices que se traslada a la opinión pública y que puede disminuir la presión reformista.