Crecimiento: Políticas pymes y autoempleo

La creación de tu propio puesto de trabajo, el denominado autoempleo, como última salida para la creación de un futuro laboral está siendo, con la crisis, una opción cada vez más frecuente para los desempleados. En el grupo de autoempleados encontramos una población que no encuentra otra alternativa laboral, junto con un grupo de población que tiene vocación por la creación y desarrollo de iniciativas empresariales. Diversos estudios muestran que el primer grupo, “empresario por necesidad” tiene una probabilidad de fracaso de su iniciativa significativamente superior al segundo, “empresario por oportunidad”.

La creación de pequeños negocios, de dudosa rentabilidad y proyección de futuro puede ser una salida para situaciones individuales, pero no constituirá la salida económica a la crisis actual. Las pymes constituyen el 99% del tejido empresarial por ello es una obviedad decir que aquí reside la capacidad de generar un nuevo periodo crecimiento, productividad y creación de empleo. Sin embargo, entre las empresas de menos dimensión hay muchos tipos de actividades empresariales. Las que verdaderamente merecen el apoyo por su capacidad de generación de riqueza son aquellas que tienen posibilidades y disposición de crecer. Probablemente, el resto de tipos de autoempleo merezcan el apoyo por motivos diversos pero su relación con la creación de riqueza a largo plazo es muy débil. En cualquier caso, es oportuno proporcionar a ambos grupos los instrumentos necesarios para su crecimiento y desarrollo, que es lo que la economía española necesita en este momento.

La clave del apoyo a la iniciativa empresarial no se encuentra en la creación indiscriminada de autoempleos sino en facilitar el crecimiento a aquellos emprendedores que surjan con este objetivo. Aquí caben políticas de armonización y simplificación de la legislación, de apoyo a la financiación, de estimulo de la innovación. Pero nos equivocamos si creemos que el simple estimulo al autoempleo es la solución para la salida de la crisis; con ello lo que estamos haciendo es condenar a la estructura empresarial a seguir siendo de pequeña dimensión y a muchas personas al fracaso empresarial innecesario con la consiguiente dilapidación de recursos.